Fecha de publicación: 2020-05-07 04:00:27
Autor: Joana Sánchez

Con el cierre de los colegios, compaginar el cuidado de los niños con el trabajo es complicado. Pero por centrarnos en el sector de la ganadería, ese no es el único problema, de hecho quienes se dedican a la venta de corderos, cabritos y de leche de cabra son los que peor lo están pasando. Tirar litros de leche al día se convirtió en algo normal en los primeros momentos del confinamiento.

Aunque regalarla fuera la primera intención, no era posible puesto que las medidas legales no permiten regalar leche cruda, y en estas circunstancias, estos trabajadores no tienen la posibilidad de invertir en una máquina de pasteurización y embotellado. Además de solicitar ayudas al Gobierno, algunos hombres y mujeres pusieron en marcha la creatividad y las sinergias para sobrevivir en este nuevo contexto.

La agricultura, un trabajo esencial, es uno de los más castigados por la crisis del coronavirus

La crisis del coronavirus afecta a todos los sectores de la economía. Algunos, como la hostelería o el comercio se han visto especialmente afectados. Sin embargo, otras actividades que siguen en marcha tampoco tienen asegurados sus ingresos.

Es el caso de la agricultura y la ganadería, sectores esenciales, de los que dependen la alimentación de los españoles pero que, a pesar de todo, no se libran de los efectos de esta crisis.

La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto lo importante que es la labor de los trabajadores del campo

Los supermercados siguen abastecidos, a pesar de las compras masivas, debido a que el sector agrícola no deja de producir para cubrir la necesidad más vital.

Las pequeñas zonas rurales, las más afectadas

Pero las pequeñas zonas rurales se ven afectadas porque según un informe de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO, por sus siglas en inglés) publicado en 2018, solo el 17% de la población española vive en áreas rurales.

Los grupos de consumo son otra de las vías de venta, y hay algunos que están teniendo incluso más demanda. Pero hay otros que han tenido que cerrar al carecer de espacios donde hacer el reparto respetando las condiciones sanitarias o quienes repartían en centros culturales, en locales públicos, etcétera.



El cierre de restaurantes y hoteles, la causa del hundimiento de los precios

Al descenso de las ventas y el hundimiento de los precios, que ya son inferiores a los costes de producción que tienen que asumir para mantener en pie las explotaciones, se unen las pocas ayudas por parte del Ejecutivo.

Nosotros no teletrabajamos, seguimos atendiendo al ganado. Apoyarnos es tan fácil como comprar productos de origen español

Los ganaderos daban salida a gran parte de lo que producían a través de restaurantes, hoteles, ferias, carnicerías o queserías, muchas de las cuales han cerrado o han reducido su demanda.

Por el momento, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) tramitará, con carácter de urgencia, un real decreto que incluye medidas de apoyo directo para los sectores del ovino y del caprino con el fin de facilitar la salida de los animales de las granjas y aliviar el estado en el que se encuentran.

Sinergia entre queserías y ganaderos, la solución al problema de la venta

Ante la falta de respuesta institucional, a algunos ganaderos apostaron por la creatividad, es decir que su quesero le continuara comprando la leche y los dos se pudieran beneficiar: “Yo vendo tus quesos a cambio de que tú me cojas la leche”.

De esta forma, muchos trabajadores en Cataluña se unieron a otros ganaderos y pusieron en marcha: Formatgers en confinament (Queseros en confinamiento)

El colectivo anuncia sus productos a través de las redes sociales y los vende a domicilio a través de la tienda online. Esa creatividad es la clave para sobrevivir. Eso y mantenerse conectados.

Pero otras medidas que han propuesto, pasa por las compras masivas desde la Administración para destinarlas a la alimentación de colectivos como los militares, o las ayudas al almacenamiento privado para congelar la producción y sacarla cuando el país recupere su ritmo habitual.

Todo es válido si sirve para que este sector pueda seguir distribuyendo sus productos, a la vez que dejen de perder dinero al no poder recibir a cambio el precio justo por el trabajo que realizan y que conlleva mantener un ganado.

Imagen|Pixabay

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