Cuando en Washington (EE. UU.) se comenta cuánto se plantea gastar el Gobierno chino en inteligencia artificial (IA), suele mencionarse una cifra: 70.000 millones de dólares (63.150 millones de euros) solo a lo largo de este año. Se trata de una cifra bastante superior a lo estimados 12.000 millones de dólares (10.825 millones de euros) que el país invirtió en 2017. El dato se conoció durante  un discurso de un alto General de la Fuerza Aérea de EE. UU. en 2018, pero sigue siendo un misterio de dónde viene. Sin embargo, ha ayudado a avivar ese miedo profundamente arraigado dentro de la comunidad política de que Estados Unidos está perdiendo la llamada carrera armamentista de la IA.

Según se cuenta, China no solo supera con mucho en investigación total a EE. UU., también lo hace en la en la IA militar (ver La paradoja de la IA militar: un arma peligrosa que nadie debe obviar). Si el resto del mundo no toma medidas agresivas para ponerse al día, la democracia podría estar condenada.

Pero nuevas estimaciones del Centro de Seguridad y Tecnología Emergente (CSET) muestran que China probablemente está invirtiendo mucho menos de lo que se creía en inteligencia artificial. Además, la mayor parte del presupuesto para la tecnología parece ir destinado a investigaciones no relacionadas con el ejército, como el desarrollo de algoritmos básicos, investigación robótica y desarrollo de infraestructuras inteligentes. En cambio, el gasto de EE. UU. planeado para el año fiscal 2020 asigna la mayor parte de su presupuesto de IA a la defensa, lo que significa que posiblemente podría invertir más que China en esa categoría. En otras palabras, los números son directamente contrarios a la narrativa dominante.

 

Los investigadores del CSET calcularon el límite superior y el inferior de las inversiones de China en inteligencia artificial para el año 2018. Para ello, compararon el informe de gastos nacionales de su ministerio de finanzas con los concursos de financiación de otras agencias gubernamentales y los resúmenes de investigadores que describen sus proyectos financiados por esas agencias. Los resultados aún son preliminares, dado que se basan en varias suposiciones. Pero los investigadores tienen una gran confianza en que, como mínimo, su análisis confirma que el gasto de China no se acerca ni de lejos a las afirmaciones existentes.

El informe subraya la gran exageración y miedo que domina las conversaciones en Washington sobre la estrategia de IA. Como OneZero informó sobre la conferencia de la Comisión de Seguridad Nacional sobre Inteligencia Artificial de este año, ese tema se ha convertido incluso en la herramienta principal del Pentágono para solicitar ayuda a las compañías tecnológicas.

Pero varios expertos han advertido de que centrarse demasiado en la IA militar y muy poco en la investigación más fundamental podría perjudicar el desarrollo de la IA de EE. UU. También han alertado sobre los riesgos de que el país proponga controles de exportación radicales que perjudican a las empresas estadounidenses y de que restrinja las colaboraciones internacionales que han sustentado importantes avances en el campo.

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