El modelo

Para que el negocio fuera exitoso para emprendedoras, había que entender cómo funcionaba un micro emprendimiento y las dificultades que encontraban para montarse en otras plataformas de mayor tamaño. También consistía en saber a qué emprendedoras atraer.

Dana explica que su modelo de negocio está enfocado en fortalecer esto por diferentes aristas: logística, control de inventarios, capacitación, y apoyo financiero y fiscal.

La logística es una de los mayores diferenciadores de Canasta Rosa. La empresa trabaja los envíos nacionales con DHL y la exprés con motocicletas y autos. “Había productores con artículos o productos delicados que no podían estar en tránsito o una bodega, con nosotros sí pueden estar”, dice Dana.

Otro diferenciador es que, al abrir una tienda, la productora pone todas las reglas en ella, desde tiempos de elaboración y horarios para tomar pedidos. “A diferencia de otras plataformas, no tienen que tener inventario, esto es una de las cosas que más les preocupaba a los comerciantes, porque tenían que pronosticar ventas y tener inventario y a esas escalas no es algo real”, explica.

Otra barrera para los micro emprendedores era la formalidad en la parte bancaria y de fiscalización. En Canasta Rosa, las tiendas se abren sin estos requisitos y es a partir de la primera venta cuando el equipo de la plataforma ayuda a las emprendedoras a bancarizarse e, incluso, da asesoría para temas fiscales y entender qué productos pagan o no IVA, por ejemplo. “Todas estas cosas se fueron dando, sabíamos que por algo no vendían, y fue poco a poco que fuimos entendiendo a detalle qué pasaba”, explica.

No todas las emprendedoras en la plataforma llegaron por sí mismas. Canasta Rosa buscó a emprendimientos como La Rosenda, cocina fantasma (negocio que no cuenta con restaurante, solo el servicio de cocina) responsable del famoso pastel de Conejito, uno de sus mayores casos de éxito. Dana explica que tener microinfluencers ha sido una estrategia exitosa para atraer a otras emprendedoras de segmentos similares.

La emprendedora

Dana arrancó con Kiwilimón hace 11 años. La plataforma era de las primeras en comenzar a hacer videos cortos con recetas de cocina innovadoras y sencillas, enfocadas en el público millennial. La emprendedora levantó capital y nombró un director general, y dejó la operación en manos de alguien más.

Esto le dio la oportunidad de seguir enfocada al emprendimiento, pero desde un fondo de inversión. Entró a Soldiers Field Angels, un fondo de venture capital mexicano. Entonces había pocas mujeres manejando fondos de venture capital, así que Dana se enfocó en apoyar a mujeres.

“Creamos un network entre las que éramos mujeres en fondos y tratábamos de apoyar a cualquier mujer emprendedora. Muchas veces me tocó dar mentorías, platicas y empecé a ver cómo había una tendencia de estos microemprendedores con ideas muy padres, pero que se quedaban micro por diversas razones”, recuerda.

Ese fue uno de los primeros pasos para arrancar lo que hoy es Canasta Rosa. Ahí, Dana encontró que estos micro emprendimientos sí tenían demanda, en particular porque los consumidores estaban más ávidos por productos artesanales, lo cual era difícil de encontrar y comprar.

Dana recuerda que los aprendizajes que tuvo con Kiwilimón fueron fundamentales para tomar la decisión de lanzar Canasta Rosa. Uno de los retos que encontró con su socia en su primer emprendimiento era el tema tecnológico, algo que en algunas ocasiones las frenó, e identificó que esto mismo sucedía con otras emprendedoras.

Source link