Fecha de publicación: 2020-05-05 14:31:54
Autor:

Nueva York
5/05/2020 – 21:31

¿Quién es Huang Yanling?. En la clandestinidad de las redes sociales chinas, perseguidas por la voraz censura de Pekín, esta investigadora del Instituto de Virología de Wuhan (WIV, por sus siglas en inglés), se postula desde comienzos de año como la verdadera paciente cero de un Chernóbil biológico que ha infectado a más de 3,6 millones y acabado con la vida de más de 251.000 personas en todo el mundo.

Especializada en analizar terapias anti-bacterianas, su último trabajo académico de investigación se remonta a febrero de 2015 en el motor de búsquedas ResearchGate. En el Laboratorio de Microbiología y Diagnóstico del WIV, su perfil carece de foto y su existencia es casi un espejismo.

Solo cuando la rumorología comenzó a ganar fuerza, este centro se limitó el pasado 16 de febrero a emitir un escueto comunicado para aclarar que su graduada en 2015 gozaba de buena salud y trabajaba en otras provincias, no en la de Hubei, donde comenzó el primer brote a finales de 2019. También se aprovechó para recordar las posibles repercusiones legales por distribuir información que el WIV no considerase veraces.

Una advertencia a tener en cuenta en un país donde más de 350 personas han sido castigadas por presuntamente «difundir rumores» sobre el brote, según los Defensores de los Derechos Humanos Chinos (CHRD, por sus siglas en inglés).

De hecho, según un estudio elaborado por la Universidad de Toronto, YY, una plataforma de streaming del gigante asiático, ya comenzó a censurar palabras clave relacionadas con las primeras infecciones del coronavirus el pasado 31 de diciembre de 2019, justo un día después de que varios médicos, entre ellos el fallecido Li Wenliang, intentaran advertir al público sobre el virus. Oficialmente, la primera muerte reconocida por el régimen fue la de un hombre de 61 años de Wuhan que había visitado el mercado de Huanan, en el que se venden y cocinan animales salvajes, y que falleció el 9 de enero.

Desde comienzos de año, a medida que se extendía la pandemia, las autoridades censuraron una gran variedad de contenido relacionado con el COVID-19 en WeChat, el servicio de mensajería más popular de China, incluidas las críticas al gobierno chino, especulaciones, cifras relacionadas con las infecciones e incluso las referencias inocuas a los esfuerzos de la administración de Xi Jinping para gestionar la situación publicadas previamente en los medios afines al gobierno.

No obstante, cuando otros investigadores del centro como Shi Zhengli, apodada como la «mujer murciélago» por su profundo trabajo en estudiar los coronavirus como enfermedad endémica de estos mamíferos voladores, fue acusada de propagar el virus, no tardó en manifestarse en WeChat, donde juró por su vida que el virus no tenía «nada que ver con el laboratorio».

Para muchos, su silencio es solo una prueba de que su desaparición es sinónimo de muerte

Tanto Zhengli como su colega Chen Quanjiao, otro experto del WIV llegaron a poner inicialmente en duda la propia existencia de Yanling en el centro posteriormente aclarando que había trabajado en el instituto pero que abandonó su puesto de trabajo.

Entonces, ¿por qué Huang Yanling no se ha manifestado hasta ahora? Una simple declaración podría cesar las especulaciones que alimentan la multitud de líneas argumentales sobre las orígenes de la pandemia. Para muchos, su silencio es solo una prueba de que su desaparición es sinónimo de muerte.

El destino de esta investigadora forma parte de un presunto memorando de 15 páginas, del que si hizo eco el Daily Telegraph, elaborado por la alianza conocida como Cinco Ojos (Five Eyes) donde se daría crédito a las acusaciones de que China engañó deliberadamente al mundo sobre la transmisión del virus entre humanos e hizo desaparecer a médicos y científicos para completar su encubrimiento.

Australia, Reino Unido y Canadá han mostrado una mayor cautela y confirmado que las investigaciones todavía deben continuar

Esta coalición de posguerra, que comparte inteligencia entre los gobiernos de Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos, concluiría en su análisis que China dejó accidentalmente que el COVID-19 se propagase fuera de las instalaciones del Instituto de Virología de Wuhan. Una información que ocultó al resto del mundo en lo que califica como un «asalto a la transparencia internacional».

Ahora bien, mientras el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, ha insistido en que las pruebas son evidentes sobre cómo el coronavirus tuvo origen en el laboratorio de Wuhan, Australia, Reino Unido y Canadá han mostrado una mayor cautela y confirmado que las investigaciones todavía deben continuar para encontrar respuestas a la multitud de preguntas sin respuesta.

Hasta la fecha, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha corroborado que el coronavirus no fue creado en un laboratorio mientras se continúa avanzando para encontrar su origen animal. Algo que no contradice la hipótesis de que quizás un investigador del laboratorio de Wuhan se infectase accidentalmente tras haber ido a comer al mercado de Huanan, a tan solo 13 kilómetros de este centro. El Instituto de Virología de Wuhan ha negado esto, también las acusaciones de que los animales utilizados en sus experimentos se vendían posteriormente para su consumo.

Sin embargo, el «terrible error» al que se ha referido recientemente el propio presidente de EEUU, Donald Trump, concuerda con los cables internos del Departamento de Estado de los que se hizo eco el Washington Post en los que se detallan graves fallos de seguridad y protocolo en el laboratorio de Wuhan, la única instalación de nivel 4 en China, lo que significa que está autorizado para manejar los patógenos más peligrosos.

A la espera de posibles represalias, es evidente que las políticas y gestión del gobierno de Xi Jinping han tenido un profundo impacto en el resto del mundo. El esfuerzo por censurar y perseguir a sus ciudadanos, ocultar datos y, según señala el propio Departamento de Seguridad Nacional de EEUU «ocultar intencionalmente la gravedad» del brote para abastecerse de los suministros médicos necesarios, ha fomentado los costes humanos y económicos de la pandemia. Según un estudio publicado el 13 de febrero por la Universidad de Southampton, en Reino Unido, si Pekín hubiera actuado una, dos o tres semanas antes, el número de afectados en el país se habría reducido en un 66, 86 o 95%, respectivamente.

Occidente pone en cuarentena a China

La falta de claridad sobre el origen y gestión del brote no solo han generado las críticas de la administración del presidente de EEUU, Donald Trump. La canciller alemana, Angela Merkel, ha exigido a Pekín una mayor transparencia sobre la procedencia del virus mientras que el presidente galo, Emmanuel Macron, reconoció tras el encuentro virtual del G-7 del pasado 17 de abril que China tendrá que «contestar preguntas difíciles». Josep Borrell, vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Común, ha reconocido la existencia de presiones chinas para suprimir las facetas más críticas en un informe, aunque negó cualquier cesión. Dicho esto, dicho documento no ha sido hecho público y se ha limitado a un acceso interno.


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