En este coche iban cinco amigos, cuatro jamás regresaron vivos, y uno sigue desaparecido 40 años después 1Imagen: CC

El denominado como “Paso
Dyatlov estadounidense
” cumple 40 años. Cuatro décadas desde que ocurriera uno
de esos casos no resueltos que ha dado rienda suelta a toda una leyenda. Una historia
terrorífica, sin pies ni cabeza, que daba comienzo en la fría noche de invierno
del 24 de febrero de 1978.

Eran más o menos las 10 de la noche. El
partido de baloncesto en la Universidad Estatal de California terminó, momento
en que cinco amigos que habían acudido expresamente para verlo, deciden
tomar el camino de vuelta en el coche de uno de ellos, un Mercury Montego color
turquesa y blanco de 1969.

Los chicos eran fans del equipo visitante
que había ganado. Tenían por delante 70 kilómetros de regreso a casa, así que
deciden hacer un alto para comprar dos tartas, una
barra Snickers, otra chocolatina, dos botellas de Pepsi y una de leche. Luego
salieron de la tienda, regresaron al coche y se fueron camino del sur de Chico
(California), o al menos eso recuerda el empleado del local, la última persona
que los vio con vida.

Unas 7 horas después, el señor Weiher se
despiertó exaltado, algo no iba bien. Se levantó, acudió al cuarto de su hijo
Ted y el joven no estaba. La madre de Ted llamó la madre de Bill Sterling lo
más rápido que pudo. La madre de Bill tampoco sabía donde estaban. La señora Sterling
ya había llamado a la madre de Jack Madruga. Jack tampoco había vuelto a casa. Por último, la señora Weiher también llamó a la madre de Jackie Huett: mismo resultado.

Los cinco amigos habían desaparecido, y
unas horas después las familias daban parte a la policía.

Diatlov en Estados Unidos

En este coche iban cinco amigos, cuatro jamás regresaron vivos, y uno sigue desaparecido 40 años después 2Imagen: Los cinco chicos

Los chicos, Gary Mathias, Jack Madruga, Jackie Huett, Theodore Weiher
y William Sterling, vivían en casa de sus padres.
Tres de los cinco habían sido diagnosticados con cierto retraso; Madruga,
aunque no estaba diagnosticado, generalmente se pensaba que era algo lento, y
Mathias estaba bajo tratamiento por esquizofrenia, una depresión psicótica que
apareció por primera vez cinco años antes de la desaparición. Sus edades
comprendían en 24 y 32 años.

Al día siguiente de iniciarse la investigación,
las autoridades dan con el coche, aunque los cinco amigos no estaban en su
interior. Se encontraba a unos 90 kilómetros de Chico, en una carretera de montaña
desierta. Se había detenido en la línea de la nieve, y aunque aparentemente sus
neumáticos se habían girado, el coche no estaba realmente detenido por alguna
rotura, es decir, si los cinco hubiesen querido (o podido), podrían haber
continuado.

En este coche iban cinco amigos, cuatro jamás regresaron vivos, y uno sigue desaparecido 40 años después 3

El tanque de gasolina también estaba lleno,
había cuatro mapas, incluido uno de California, y las llaves no estaban. Además,
en los asientos se encontró las envolturas de los alimentos comprados en la
parada en el 24 horas. Se habían comido todo excepto una chocolatina.

Más datos de la investigación: la parte
inferior del coche no sufrió daños. El modelo Montego era un coche pesado,
y la policía se preguntaba cómo había podido terminar en un tramo de carretera
de montaña tan irregular, aparentemente en la oscuridad total, sin una
hendidura, abolladura o mancha de barro gruesa. Se llegó a la conclusión de
que conductor había conducido con sumo cuidado y una precisión asombrosa, eso,
o bien conocía el camino lo suficientemente bien como para anticiparse a cada giro.

En este coche iban cinco amigos, cuatro jamás regresaron vivos, y uno sigue desaparecido 40 años después 4Imagen: El camino recorrido por los chicos

Las familias explicaron a las autoridades
que solo Madruga podía conducir ese coche (era el único con carnet de conducir).
Además, los padres del joven explicaron que no le gustaba acampar y odiaba el
frío, y mucho menos conocía ese camino. En realidad, ninguno lo conocía.

Es más, dada su situación, menos Mathias,
que de vez en cuando se quedaba fuera toda la noche con amigos, cada uno de los
chicos desaparecidos pasaba la mayor parte de las vidas en casa con sus padres,
por eso nadie podía entender qué, o quién, podría haberlos llevado por ese
camino solitario en las montañas. 

El día que se encontró el coche comenzó
una nevada que paralizó parte de la búsqueda. Nadie encontró nada, ni siquiera
un zapato, hasta después del deshielo primaveral, cuando el 4 de junio un
pequeño grupo de motociclistas que vagaba en un antiguo campamento militar
abandonado al final de la carretera se percató de un olor muy extraño y penetrante.

Se trataba de Ted Weiher, tendido y congelado hasta la muerte en un remolque. Ocho sábanas le cubrían el
cuerpo y no tenía sus zapatos. Junto a él tenía su anillo, su collar de oro, billetera
(con efectivo dentro) y un reloj de oro. Tenía los pies muy congelados, y la barba espesa en su rostro denotaba que aparentemente había vivido en una agonía de
hambre, posiblemente entre ocho y 13 semanas. 

En este coche iban cinco amigos, cuatro jamás regresaron vivos, y uno sigue desaparecido 40 años después 5Imagen: Wikimedia Commons

El chico estaba a unos 30 kilómetros del Montego,
y había caminado o corrido, o como fuera a través de casi 30 kilómetros
de temporal para alcanzar la muerte… descalzo. Además, no había encendido
fuego alguno aunque había cerillas e incluso novelas de bolsillo y muebles de madera
que se habrían quemado fácilmente.

La policía encontró que se abrieron y
vaciaron más de una docena de latas de raciones de un cobertizo de
almacenamiento externo; una se había abierto con un abrelatas P38 del Ejército,
uno que solo Madruga y Mathias que habían servido en el Ejército, probablemente
sabían cómo usar. 

Lo más extraño de todo era que nadie había
abierto en el mismo cobertizo alguna de las las grandes cantidades de cenas mexicanas
deshidratadas, cócteles de frutas y otras comidas variadas para mantener a los
cinco vivos durante un año. Incluso había un tanque de propano en otro
cobertizo. Todo lo que tenían que hacer si estuvieron allí, era encender ese
gas. 

Una de las pocas personas que habló con la
policía esos días fue un tipo que se llamaba Joseph Shones, de 55 años. El
hombre dijo que vio luces en el camino cuando conducía su Volkswagen por el
mismo camino donde los jóvenes desaparecieron. Se había detenido cuando escuchó
lo que describió como “ruidos extraños, como silbando” un poco más abajo. Salió de su automóvil
y dijo recordar ver a un grupo de hombres y una mujer con un bebé, caminando a
la luz de los faros de un coche. También creyó oírlos hablar, pero ahí terminaba su relato.

Nadie había abierto en el mismo cobertizo alguna de las las grandes cantidades de cenas mexicanas deshidratadas, cócteles de frutas y otras comidas variadas para mantener a los cinco vivos durante un año. Incluso había un tanque de propano en otro cobertizo

El día después de que se descubriera el
cuerpo de Weiher, los investigadores encontraron los restos de Madruga y
Sterling. Estos se encontraban en lados opuestos de la carretera hacia el
remolque donde estaba Weiher, a unos 18 kilómetros del automóvil.

Los restos de Madruga estaban en descomposición,
la mayor parte se los había comido los animales. El cuerpo yacía boca arriba, con
su mano derecha acurrucada alrededor de su reloj. Sterling, por su parte,
estaba en una zona algo más boscosa. No quedaba nada de él más que algunos huesos.

Dos días más tarde, justo en el mismo
camino, pero mucho más cerca del remolque, el padre de Jackie Huett, quién
estaba colaborando en la búsqueda, encontró la columna vertebral de su hijo.
Había otros huesos alrededor, junto con los vaqueros de Jackie y sus zapatos. Un
ayudante del sheriff encontró una calavera al día siguiente, a unos 100 metros
cuesta abajo del resto de los huesos. Eran de Jackie Huett.

Los restos de Huett yacían al noreste del
remolque, como los de Sterling y Madruga. A casi un kilómetro los investigadores
encontraron tres mantas de lana y una linterna. La linterna estaba ligeramente
oxidada y apagada. Era imposible saber cuánto tiempo había estado allí.

Sin embargo, no encontraron señales de
Gary Mathias.

En este coche iban cinco amigos, cuatro jamás regresaron vivos, y uno sigue desaparecido 40 años después 6Imagen: Carretera que tomaron los cinco jóovenes

Sus zapatillas de deporte estaban dentro del remolque
del servicio forestal, lo que sugirió a los investigadores que podría haberlos
quitado para ponerse los zapatos de Weiher, sobre todo porque Weiher tenía los
pies más grandes, y los pies de Mathias podrían haber estado hinchados por el
tiempo. En cualquier caso, aquello era pura conjetura, la policía no tenía
ninguna pista de lo que había pasado allí.

Mathias tomaba su medicación
semanalmente, como lo había hecho durante al menos tres años. Su familia dijo
que la enfermedad apareció cinco años antes, mientras el chico estaba en el
ejército en Alemania. Los registros policiales muestran que se había vuelto
violento en ocasiones y tuvo un período
difícil después de su regreso de Alemania. 

A casi un kilómetro los investigadores encontraron tres mantas de lana y una linterna. La linterna estaba ligeramente oxidada y apagada. Era imposible saber cuánto tiempo había estado allí

Sin embargo, durante los últimos dos
años, Mathias había trabajado en los negocios de su padrastro y tomaba su
medicación con fidelidad. Tenía el pago por discapacidad psiquiátrica del
ejército, estaba muy apegado a su familia y amaba el baloncesto que compartía
con los otros cuatro chicos.

Y aquí se pierde la pista del joven. ¿Por
qué abandonaron un coche que estaba perfectamente operativo para irrumpir en el
bosque helado a medianoche? ¿Por qué seguir adelante a través de varios
kilómetros y acabar en un remolque sin calefacción para morir? ¿Por qué no se
alimentaron si había suficiente comida, o se resguardaron con fuego si había forma de
encender una hoguera?

Nada tiene mucho sentido, aunque todos
los investigadores están de acuerdo en afirmar que los chicos tuvieron miedo de
algo que los paralizó hasta el punto de morir lentamente de frío. Es posible
que Mathias tenga la respuesta, pero han pasado cuarenta años desde entonces, y
todavía sigue desaparecido. [Wikipedia]



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