Las tiendas de alimentación que permanecían sin un cliente cuando nadie había escuchado hablar del coronavirus, están poniendo en práctica ese término que escuchamos durante la crisis económica de 2008, reinventarse.

Los pedidos a domicilio ya se han convertido en estos dos meses en algo natural para los dueños de unas tiendas de corte tradicional y que no pensaban en abrir una página en Instagram o recibir pedidos a través de WhatsApp. Además, de vender comestibles, cada vez son más los pedidos relacionados con la higiene como los guantes.

Llevar la comida a casa del cliente, de un gesto puntual a lo habitual

Sólo en casos excepcionales se llevaba la comida a domicilio. Normalmente a personas mayores con las que el dueño de la tienda mantenía una relación amistosa de hace años. Pero en este contexto la gente no quiere salir.

Llevar la comida a domicilio, el éxito del pequeño comercio

Y es ahí donde las redes sociales o los mensajes, sustituyen a los escaparates o la visita al local. Cierto es que muchos de esos compradores no eran habituales del pequeño comercio y ahora, prefieren acudir a las tiendas próximas. No sabemos si este cambio de hábitos se mantendrá con el tiempo, pero sería lo justo.

Buena relación con los proveedores, la clave del éxito de la tienda de barrio

El pequeño comercio está manteniendo los precios, por una razón, compromiso con sus clientes (de siempre y nuevos) y porque cuentan con una buena red de abastecimiento. Son tiendas que llevan 20 o 30 años, trabajando con los mismos proveedores, lo lógico es que el trato se mantenga ahora.



En las grandes superficies, el cliente asiste estupefacto a entregas donde faltan alimentos que se habían pedido, otros alimentos que sustituyen a otros y que no encajan en sus hábitos alimenticios. Por ejemplo, recibir alcohol cuando no se consume en esa casa. O varios kilos de fruta que se echará a perder.

Las tiendas pequeñas mantienen una buena relación con sus proveedores

Las tiendas de ultramarinos más de moda que nunca en 2020

Como si hubiéramos retrocedido en el tiempo, y hubiéramos dejado de lado esa falsa creencia de ser modernos o de que la magia se producía al hacer un pedido online, esta crisis sanitaria y económica, nos ha devuelto a una realidad más espartana.

A los ERTEs se une que las compras hay que realizarlas, y en una gran superficie, raro es que no te cobren gastos de envío. Por otro lado, quizás no se necesita una compra tan grande como la que te ‘obligan’ a hacer para no pagar esos gastos, mientras que en la tienda de ultramarinos, la carnicería o frutería puedes amoldarte a comprar lo que necesitas de verdad.

No es una solución mágica a los problemas de las tiendas de alimentación

Los dueños lo saben, sobre todo, como hemos dicho antes, al comprobar que hay una clientela nueva y que en ocasiones, es poco paciente si ha de esperar en la cola de la tienda. No es el perfil de usuario al que están acostumbrados.

Pero, si se siguen haciendo las cosas igual de bien, con esta predisposición a amoldarse tanto a la situación como a unos clientes acostumbrados a la inmediatez, quizás haya algo de luz al menos estos meses.

¿Habrá un cambio de tendencia en nuestros hábitos a la hora de comprar? ¿Recordaremos este buen trato por estos negocios que ignorábamos para ir a la gran superficie?

Imagen| Pixabay

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